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Una fiesta que evoca al espíritu de las raves de finales de los 80 y principios de los 90

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Reseña en El País

El acid house es un subestilo de música electrónica que nació en Chicago a mediados de los ochenta. Fue una prolongación de lo que en aquella ciudad ya se conocía como house. Los productores del momento —Marshall Jefferson, Adonis, dj Pierre— solo tuvieron que coger un sintetizador Roland TB 303, creado originalmente para simular los sonidos de un bajo, y comenzar a manipularlo de manera extrema. Así surgió uno de los sonidos más importantes de la historia de la música. Las discotecas de medio mundo empezaron a pinchar los burbujeantes temas de artistas que se escondían bajo nombres como Mr. Lee, Phuture, Bam Bam o Sleezy D.

La locura llegó en 1987 cuando los djs ingleses lo importaron a los clubes de Londres. La fiebre por aquellos ritmos y la mercadotecnia que originó —todo el mundo tenía algo que se pudiera identificar con aquel smiley de color amarillo—sobrepasó cualquier tipo de expectativa. Fueron los años en los que la MDMA, conocida popularmente como éxtasis, se popularizó en todas las fiestas del Reino Unido y previamente en Ibiza. La isla blanca fue uno de los lugares en los que antes se visibilizó esta unión entre drogas y baile.

Es en esa época en la que dj Alfredo reina en Amnesia. Son los años de la discoteca The Haçienda comandada por Tony Wilson y de míticos directos, como el que ofrecería A Guy Called Gerald en la piscina cubierta de Victoria Baths, los baños públicos de Manchester, en 1988. Ese espíritu es el que quieren revivir los tres colectivos —Undermad, Discoteca y El Cuerpo del Disco— que organizan mañana (8) la fiesta La casa del ácido en la sala Caracol. Un espacio idóneo para recrear aquel segundo verano del amor, antesala del movimiento rave y de la década de los noventa. Un periodo y una música que siguen eternamente vigentes.